Vivimos un momento de transformación sin precedentes. La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una herramienta cotidiana que influye en la forma en que trabajamos, aprendemos y tomamos decisiones. En el ámbito de la propiedad intelectual y la propiedad industrial, esta evolución plantea oportunidades extraordinarias, pero también nuevos desafíos que exigen reflexión y responsabilidad.
En TRADEMARES, con más de 35 años asesorando a empresas, emprendedores y despachos internacionales en materia de registro de marca, patentes, derechos de autor y demás activos intangibles, observamos con interés cómo estas herramientas están transformando la práctica jurídica. Sin embargo, también creemos que la rapidez con la que una inteligencia artificial puede generar una respuesta no equivale a la capacidad de comprender un problema, valorar sus implicaciones legales y proponer la mejor estrategia para cada caso.
El verdadero reto no consiste en decidir si debemos utilizar inteligencia artificial. La pregunta relevante es cómo utilizarla sin renunciar al criterio profesional que sigue siendo indispensable para proteger aquello que realmente genera valor.
Reflexiones de una profesional en tiempos de inteligencia artificial
Me gusta leer y estar actualizada.
En realidad, es una costumbre que procuro mantener todos los días. Dedico media hora —a veces una hora— a recorrer periódicos digitales, publicaciones especializadas y comentarios en redes sociales. Me interesa entender hacia dónde se mueve el mundo, qué preocupa a las personas y cómo evolucionan las profesiones.
Sin embargo, desde hace unos meses el algoritmo parece empeñado en repetirme siempre el mismo mensaje.
«Los abogados desaparecerán.»
«Ya no será necesario contratar un profesional para redactar un contrato.»
«La IA resuelve cualquier consulta jurídica en segundos.»
Y reconozco que, como abogada, no he podido evitar preguntarme cómo va a cambiar mi profesión y cuál será el valor de mi experiencia y mis conocimientos si muchas de las tareas a las que antes dedicaba horas parecen poder resolverse hoy con un simple prompt, en cuestión de segundos.
Y no es un tema que afecte únicamente a la práctica legal.
Mi amiga, diseñadora gráfica, recibe clientes que llegan con un logotipo generado por IA y le piden si puede “simplemente retocarlo un poco». Mi médico internista me cuenta que cada vez dedica más tiempo en consulta a corregir diagnósticos que los propios pacientes traen de internet. Y me consta que profesores y las universidades buscan nuevas formas de evaluar a estudiantes que obtienen respuestas en segundos o presentan trabajos elaborados por una máquina.
Es comprensible que estos mensajes despierten inquietud. La historia demuestra que cada gran revolución tecnológica modifica la forma de trabajar. Ocurrió con la Revolución Industrial, con la informática y posteriormente con Internet.
Hoy ocurre exactamente lo mismo con la inteligencia artificial.
Y, como ocurrió entonces, estamos atravesando un periodo de fascinación, aprendizaje y adaptación. En ese proceso es inevitable cometer errores, exagerar sus capacidades y, a mi parecer, con la IA, caer en la peligrosa tentación del atajo digital: la falsa certeza de que, diciéndole a la herramienta que actúe como profesional especializado, obtendré la respuesta correcta y precisa.
Después de casi tres décadas ejerciendo la abogacía, sigo convencida de que los mayores problemas jurídicos rara vez nacen de la mala fe. Normalmente aparecen porque creen que con la información que tienen, pueden resolver el problema, sin necesidad de acudir al profesional en la materia.
Por eso no creo que la inteligencia artificial venga a sustituir a los profesionales. Creo que nos obliga a replantearnos dónde está nuestro verdadero valor.
Los principales desafíos para el ejercicio profesional
2.1 La rapidez de la IA no garantiza respuestas precisas
Uno de los mayores atractivos de la inteligencia artificial es su capacidad para generar respuestas casi instantáneas.
No obstante, rapidez y precisión no son sinónimos.
Como ocurrió hace apenas unas semanas en España, cuando un hombre preguntó a una IA qué podía tomar para mejorar la memoria, recomendándole un suplemento de origen natural, sin haberle anticipado que estaba tomando anticoagulantes. La combinación terminó provocándole una grave hemorragia. (1)
Ese mismo fenómeno puede trasladarse fácilmente al ámbito jurídico.
Dos contratos pueden parecer idénticos y, sin embargo, producir consecuencias completamente distintas dependiendo de la legislación aplicable, la jurisdicción competente, la naturaleza del negocio o los intereses comerciales de las partes.
2.2 La generación de contenidos por IA no garantiza originalidad ni derechos de uso
La inteligencia artificial generativa ha revolucionado la producción de imágenes, textos y diseños.
Sin embargo, también ha puesto sobre la mesa cuestiones complejas relacionadas con los derechos de autor.
Un ejemplo reciente fue la denuncia realizada por el ilustrador español Paco Roca, quien señaló que un cartel para una feria de libro municipal, generado mediante inteligencia artificial reproducía elementos claramente identificables de una obra previamente creada por él (2)
Este tipo de situaciones demuestra que una imagen generada en segundos no garantiza por sí misma un uso pacífico y legal y, sobre todo, no elimina la obligación de respetar los derechos de autor.
Lo cierto es que la IA trabaja a partir de grandes volúmenes de información y patrones aprendidos, por lo que no siempre permite conocer el origen de los elementos que usa en una creación. Por eso, una propuesta hermosa puede acabar planteando problemas de originalidad, autoría o incluso, plagio.
2.3 Cuando la IA alucina: el riesgo de confiar sin verificar- El caso Mata v. Avianca
Probablemente uno de los ejemplos más conocidos de la denominada “alucinación” de la IA se ha dado dentro del sector jurídico, en concreto, con el caso Mata v. Avianca, tramitado en Estados Unidos.
En dicho procedimiento, un escrito judicial presentado por los abogados incluía referencias jurisprudenciales generadas con ayuda de ChatGPT. Las resoluciones citadas parecían auténticas: contenían nombres, argumentos y razonamientos jurídicos que encajaban con la cuestión planteada.
Lo sorprendente fue descubrir que esa jurisprudencia nunca había existido. Las referencias, aunque presentadas con apariencia de rigor jurídico, habían sido generadas por la herramienta. El tribunal impuso sanciones a los abogados involucrados, recordando una regla que continúa siendo esencial: la responsabilidad profesional nunca puede delegarse en una herramienta tecnológica.
Este caso no demuestra que la inteligencia artificial puede equivocarse.
Demuestra algo mucho más importante.
Que toda información generada por IA debe ser verificada antes de convertirse en una decisión jurídica.
2.4 La automatización de tareas no implica la desaparición de las profesiones
La innovación tecnológica continúa avanzando. Cada día aparecen nuevas plataformas de traducción simultánea, catálogos de contratos jurídicos de autogestión, ilustradores digitales capaces de diseñar una identidad corporativa completa e incluso aplicaciones de personal shopper que prometen transformar una imagen personal en cuestión de minutos.
Y los avances no se detienen ahí. En 2026 trascendió la autorización en Inglaterra para que Garfield AI, un despacho basado en inteligencia artificial, pudiera gestionar determinadas reclamaciones judiciales de escasa cuantía ante los tribunales, sin intervención de un abogado durante la tramitación del procedimiento, salvo en la eventual celebración de la vista oral (3)
La noticia generó titulares en todo el mundo.
Sin embargo, conviene interpretar todas estas novedades correctamente.
No anuncian la desaparición de las profesiones. Traductores, diseñadores, abogados, médicos, o asesores seguirán siendo necesarios. Lo que está cambiando es la forma en que ejercen su profesión.
La IA puede ejecutar tareas de forma extraordinariamente eficiente. Pero sigue necesitando que alguien formule las preguntas adecuadas, cuestione los resultados y asuma la responsabilidad de las decisiones. Ese sigue siendo, en cualquier profesión, un valor profundamente humano.
«La IA puede generar nombres y diseños. Pero las grandes marcas siguen naciendo de una visión, un propósito y de la creatividad de las personas.»
Ainhoa Pallarés
Directora de TRADEMARES
Oportunidades para empresas y profesionales
Lejos de entender la inteligencia artificial como una amenaza, en TRADEMARES creemos que representa una oportunidad para elevar el nivel del trabajo profesional.
Recomendamos especialmente:
- Utilizar la IA como una herramienta de apoyo, capaz de agilizar procesos y aportar información, pero nunca como sustituto del análisis y criterio profesional.
- Contrastar y validar la información obtenida, teniendo presente que la IA puede generar respuestas incompletas, sesgadas o incluso erróneas.
- Considerar la protección de los derechos de propiedad intelectual, especialmente ante el creciente uso de IA generativa.
- Evitar soluciones automáticas o genéricas, recordando que cada situación empresarial requiere un análisis adaptado a sus circunstancias particulares.
- Mantener una formación continua, tanto en nuevas tecnologías como en la evolución normativa nacional e internacional.
- Contar con asesoramiento especializado cuando las decisiones puedan afectar activos estratégicos como marcas, patentes, diseños industriales, secretos empresariales u otros derechos de propiedad intelectual.
¿Por qué TRADEMARES?
En TRADEMARES entendemos que la tecnología cambia constantemente.
Lo que permanece es la necesidad de proteger aquello que genera valor para las personas y las empresas.
Nuestro equipo acompaña a clientes nacionales e internacionales en la protección de:
- Marcas y otros signos distintivos.
- Patentes de invención.
- Diseños industriales.
- Derechos de autor.
- Secretos empresariales.
- Estrategias regionales de propiedad intelectual en Centroamérica y Latinoamérica.
Nuestra experiencia nos permite combinar conocimiento jurídico, visión estratégica y comprensión de los nuevos desafíos tecnológicos.
Porque una respuesta rápida puede resultar útil.
Pero una decisión correcta requiere experiencia.
Conclusión
Las herramientas cambian.
Siempre lo han hecho.
Pasamos del papel al ordenador, del fax al correo electrónico y de las bibliotecas físicas a las bases de datos digitales. Y supimos adaptarnos.
Estoy convencida de que también nos adaptaremos a la inteligencia artificial.
La diferencia estará en no olvidar que acceder a una respuesta nunca ha sido lo mismo que tener criterio para saber cuándo esa respuesta es realmente la adecuada.
En el ámbito jurídico, el verdadero valor continúa estando en interpretar los hechos, identificar los riesgos, proteger los derechos y asumir la responsabilidad de las decisiones adoptadas.
En TRADEMARES creemos que la inteligencia artificial no sustituye al profesional; lo desafía a aportar un valor todavía mayor.
Porque, al final, la diferencia entre obtener una respuesta y construir una estrategia sigue siendo el criterio.
Si su empresa desarrolla nuevos productos, crea contenido, registra una marca en Costa Rica o desea fortalecer la protección de sus activos de propiedad intelectual y propiedad industrial, estaremos encantados de compartir nuestra experiencia y ayudarle a tomar decisiones informadas.
- https://elpais.com/sociedad/2026-06-11/tomo-algo-natural-para-la-memoria-y-acabo-orinando-sangre-el-peligro-real-de-fiarse-de-la-ia-en-temas-de-salud.html
- https://elpais.com/cultura/2026-05-26/paco-roca-denuncia-plagio-con-ia-de-su-cartel-de-la-fira-del-llibre-de-valencia-por-el-ayuntamiento-de-san-martin-de-la-vega.html
- https://www.expansion.com/economia/financial-times/2026/06/23/6a3a87f3468aeb3b088b457f.html